¿Quién daba un centavo y apostaba a que Perú quedaba en el tercer lugar de la Copa América? ¿Alguien se imaginó, si quiera, que Venezuela iba terminar entre las cuatro mejores selecciones de esta Copa América? ¿Cuántos dieron por favorito a Argentina o Brasil para una final de copa? ¿Algún uruguayo consciente pensó que su selección se alzaría con la copa en brazos? - y la pregunta del millón - ¿Cuántos tuvieron fe en la selección peruana desde un inicio?
Son pocos los aventurados, pero muchos los incrédulos.
De esta, ya consumada, Copa América Argentina 2011 se puede inferir que sorprendió a propios y extraños, ajenos e intrusos, desde su primer encuentro con aquel empate (1-1) entre el anfitrión - dueño de casa y favorito - y la selección del altiplano, Bolivia; este último abriría el marcador para asombro de muchos. Al término de este encuentro - sin imaginarlo - estábamos siendo testigos de un gran presagio, el inicio de una gran revelación: La rebelión de los malaventurados.
Y Perú era el malaventurado por excelencia en todo el sentido de la palabra desde el día en que pisó la Argentina. Inclusive, hacía antes. Con ocho jugadores lesionados, seis de ellos titulares. No dudaron en darle el pésame a Don Sergio Markarián como a Don Oscar Washington Tabárez en el último mundial. Pero magna fue la sorpresa que nos llevamos TODOS al ver que Perú avanzaba por sobre sus rivales en cada peldaño que tenía por delante. La incredulidad cayó; el pesimismo, también. Era momento de abrirle las puertas al optimismo y la esperanza con el que 30 millones de peruanos vibramos, nos emocionamos, sufrimos y lloramos tanto sus goles como sus actuaciones.
Sin embargo, la atracción no sólo fue la selección peruana. La otra gran sorpresa la dio la selección del vino tinto, Venezuela, al empatar sin goles en su primer partido ante - nada más y nada menos - Brasil. Lo dijo César Farías: "No vamos a admitir ser etiquetados como el equipo más débil de Sudamérica". Lo cumplió. Empate ante Brasil, victoria (1-0) a su similar de Ecuador, empate abrumador (3-3) con Paraguay y, para dejar clara la idea de Farías, victoria ante Chile (2-1) por los cuartos de final. - ¿Quedó claro? - Clarísimo.
En un alargue de ironía, aquello que nos deja como lección la Copa América Argentina 2011 es a olvidarnos, de una vez por todas, ese absurdo ideal de mirar con prepotencia a los demás rivales. Jerarquizando a las distintas selecciones, según su favoritismo, otorgándole privilegios y laureles. Asimismo, tras el término de esta copa - como lección personal - me voy con la idea clara: "Yo no creo en los favoritos, creo en los supervivientes".
Y Perú con Venezuela son supervivientes.



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