[Futbolygol. Pese a todo rezaltó su brillantez. Ante el Real Madrid ratificaron su superioridad en España.] Fue su copa de brillantes. La 75° consagración en la historia de un Barza, ahora 10 veces ganador, tres veces consecutivas, de la Supercopa de España. Un piquete al ojo para el orgullo vestido de blanco. Lamentable intento fallido de un Mourinho ya hastiado de ver al equipo blaugrana celebrar un triunfo, esta vez con título en manos. Punto a parte, los catalanes disfrutan de las mieles de la victoria, pero el resultado ajustado (5-4 en el global) detalla lo que pudo ser un jarabe muy amargo para el Pep Team.
Ambos llegaron a la capital de Cataluña, tras una paridad y la demostración de mejoría merengue a cuestas. El Real Madrid demostró de a pocos los frutos de su buena preparación durante sus periplos continentales. Lograron conquistar el 'nuevo mundo'. Ahora están en los primeros escalones del desafío que esperan los reinstaure en aquel sitial monárquico, tan suyo y tan perdido en su pasado. Por su parte, el F.C. Barcelona, pese a contar con sus diamantes intactos, se había dedicado a 'pulir su futuro' durante su gira americana. Por lo tanto, Xavi, Messi e Iniesta tuvieron por primer partido de pretemporada -juntos- el disputado en el mítico Santiago Bernabéu, donde el equipo de 'Mou' daría a conocer que ambos titanes ibéricos son los dos mejores clubes del mundo.
El Camp Nou sería un lugar testigo, entre estelares flashes desde las gradas, de la brillantez necesaria para borrar la semejanza entre azulgranas y madrilistas. La ventaja producto de una dupla de genialidades del '10' blaugrana, traía cierto sociego en los cúles. Pero Cristiano Ronaldo (CR7), fiel a la nueva postura merengue, lideraba los consecutivos asedios sobre campo barcelonista. La intención de 'Mou' era claramente emular el axfisiante pressing que caracterizó a su catenaccio intermilanista. Por la ida copera lo había logrado. Por su parte, Guardiola, pese a la repentina enervación de sus dirigidos, confiaba en su crack argentino. Lionel no falló. El rosarino aprovechó los espacios entre dos portugueses desconcertados dibujó el camino para Iniesta, luego el genio de Fuentealbilla elevó el grito, lo acunó entre las redes, no sin antes sortear las manos de Iker Casillas. Una pintura de gol.
Luego Xavi, ausente en casi la mitad del encuentro de ida, se unió al que en esos momentos se preveía sería una excibición blaugrana. Hubo destellos del reconocido juego preciosista, sello de la Masía. Pero la falta de seguridad defensiva, permitió a CR7 marcar el empate tras un aparente 'fuera de juego'. Dormitaba nuevamente la poseción sobre el balón a cargo del temible mediocampo azulgrana. Los capitalinos crecían. Sin embargo, Messi y Piqué, en tándem de virtuosismo, desemparejaron el score. Fue un primer tiempo con minutos blancos de susto para la oncena del 'Pep', pero Messi les devolvía el color.
La segunda mitad, dio pistas de lo que vendría en la agonía del encuentro. Se encendió el alarma amarilla ante tanta brusquedad. El balón no parecía ser parte del juego. Es más, se torno centralista. La disputa por ser el mejor de España se traslado a la medular del campo catalán. Poco juego vistoso y mucha patada artera. Pese a ello, el Barza lograba escabullir ataques profundos, todos con poca efectividad. Y al arribar los 10 minutos finales, Benzema haría renacer el suspenso. La prórroga esperaba luego del tiempo agregado.
Pero nuevamente Messi, junto al 'número 4', Cesc Fábregas, ambas joyas de las canteras catalanas, y tras flechazo rumbo corazón madrilista por parte de Adriano, colocaron al Barcelona en el escalón superior por sobre la herida honra madrilista. Roja y sangrante, la derrota trajo, durante los 4 minutos agregados, su momento polémico, firmado por una 'soberbia lusofónica'. Mourinho y Marcelo le hicieron harakiri a un cuadro merengue con futuro promisorio. El presente culé, para el pesar del Real, es brillante. Es super. Es blaugrana.
Ambos llegaron a la capital de Cataluña, tras una paridad y la demostración de mejoría merengue a cuestas. El Real Madrid demostró de a pocos los frutos de su buena preparación durante sus periplos continentales. Lograron conquistar el 'nuevo mundo'. Ahora están en los primeros escalones del desafío que esperan los reinstaure en aquel sitial monárquico, tan suyo y tan perdido en su pasado. Por su parte, el F.C. Barcelona, pese a contar con sus diamantes intactos, se había dedicado a 'pulir su futuro' durante su gira americana. Por lo tanto, Xavi, Messi e Iniesta tuvieron por primer partido de pretemporada -juntos- el disputado en el mítico Santiago Bernabéu, donde el equipo de 'Mou' daría a conocer que ambos titanes ibéricos son los dos mejores clubes del mundo.
El Camp Nou sería un lugar testigo, entre estelares flashes desde las gradas, de la brillantez necesaria para borrar la semejanza entre azulgranas y madrilistas. La ventaja producto de una dupla de genialidades del '10' blaugrana, traía cierto sociego en los cúles. Pero Cristiano Ronaldo (CR7), fiel a la nueva postura merengue, lideraba los consecutivos asedios sobre campo barcelonista. La intención de 'Mou' era claramente emular el axfisiante pressing que caracterizó a su catenaccio intermilanista. Por la ida copera lo había logrado. Por su parte, Guardiola, pese a la repentina enervación de sus dirigidos, confiaba en su crack argentino. Lionel no falló. El rosarino aprovechó los espacios entre dos portugueses desconcertados dibujó el camino para Iniesta, luego el genio de Fuentealbilla elevó el grito, lo acunó entre las redes, no sin antes sortear las manos de Iker Casillas. Una pintura de gol.
Luego Xavi, ausente en casi la mitad del encuentro de ida, se unió al que en esos momentos se preveía sería una excibición blaugrana. Hubo destellos del reconocido juego preciosista, sello de la Masía. Pero la falta de seguridad defensiva, permitió a CR7 marcar el empate tras un aparente 'fuera de juego'. Dormitaba nuevamente la poseción sobre el balón a cargo del temible mediocampo azulgrana. Los capitalinos crecían. Sin embargo, Messi y Piqué, en tándem de virtuosismo, desemparejaron el score. Fue un primer tiempo con minutos blancos de susto para la oncena del 'Pep', pero Messi les devolvía el color.
La segunda mitad, dio pistas de lo que vendría en la agonía del encuentro. Se encendió el alarma amarilla ante tanta brusquedad. El balón no parecía ser parte del juego. Es más, se torno centralista. La disputa por ser el mejor de España se traslado a la medular del campo catalán. Poco juego vistoso y mucha patada artera. Pese a ello, el Barza lograba escabullir ataques profundos, todos con poca efectividad. Y al arribar los 10 minutos finales, Benzema haría renacer el suspenso. La prórroga esperaba luego del tiempo agregado.
Pero nuevamente Messi, junto al 'número 4', Cesc Fábregas, ambas joyas de las canteras catalanas, y tras flechazo rumbo corazón madrilista por parte de Adriano, colocaron al Barcelona en el escalón superior por sobre la herida honra madrilista. Roja y sangrante, la derrota trajo, durante los 4 minutos agregados, su momento polémico, firmado por una 'soberbia lusofónica'. Mourinho y Marcelo le hicieron harakiri a un cuadro merengue con futuro promisorio. El presente culé, para el pesar del Real, es brillante. Es super. Es blaugrana.



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