Por un lado, los que buscan el instante cuando el fútbol enamoró a la literatura. El minuto cero, cuando los escritores hallaron en el arte del engaño, la mejor manera de encontrar las verdades de las sociedades humanas.
Y en la otra mitad del campo, los 'revienta balones', los que no admiten una oncena de hombres tras un objeto inerte y vivo a la vez. Los que no aceptan dentro de lo culto, lo embarrado de un deporte poco letrado.
Para muchos seres estáticos, alejados de toda actividad deportiva, las letras y el balompié, jamás han sido compatibles. Y en su monótona intención por demostrarlo, no han escatimado en rematar con adjetivos tales como pasión, vulgar, desdeñable e inferior al 'deporte rey'. Para colmo de males, frases de grandes escritores han sido utilizadas por estos sedentarios mal humorados, para mandar el balón a la congeladora, y así, matar la pasión por el gol.
Ironías del juego
Si bien los ingleses crearon esta disciplina hace más de una centuria, un poeta deshonra a sus coterráneos. Rudyard Kipling despreciaba el fútbol y a "las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan". Muy cercano geográficamente, un crack de la literatura rioplatense, Jorge Luís Borges, señaló: "once jugadores contra once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos". Pese a esa frase, el genio argentino, jugó al fútbol y hasta le gustaba.
Borges. Sus experiencias futbolísticas, lo alejaron de las canchas. Vivió un amor-odio por el 'deporte rey'.Gana la pasión
Con tamaña disputa por hacer prevalecer sus ideas, a veces se olvidan los 'por qués'. Sin embargo, los maestros de la fantasía, saben que sin sus 'componentes vivos', el fútbol sería un 'algo' sin esencia. Valoran a todos los elementos de aquel arte que revive la infancia. El genial artista visual y guionista italiano Pier Paolo Pasolini indicó que "hay momentos que son puramente poéticos: se trata de los momentos de gol. El goleador es siempre el mejor poeta del año". Otros europeos, como el ibérico Javier Marías con su frase "el fútbol es la recuperación semanal de la infancia", y el Nobel de Literatura, el francés Albert Camus, quien fuera arquero y puntero izquierdo en Argelia, se dieron cuenta que las canchas tienen historias. Que detrás de un regate, un gol, una remate al travesaño, hay literatura.
Vargas Llosa, comentarista durante el Mundial España 82, sus artículos y confeso hinchaje por Universitario de Deportes; el poeta huancaíno Juan Parra del Riego y su memorable "Polirritmo dinámico a Grandín, jugador de foot-ball" (escrito en 1920, para honrar al jugador charrúa Isabelo Grandín); el poema "Fútbol" de Blanca Varela, "La balada del gol perdido" de Abelardo Sánchez León; Bryce Echenique y sus confesos regates dentro y fuera de las canchas, entre otros, son algunos de los cracks del Dream Team, el equipo que sueña fútbol fuera de las canchas.
¿Pierde la razón?
El fútbol jamás estará desconectado al cerebro. La pelota necesita de 'Xavis', 'Verónes', 'Sneijders', 'Lobatones'. Sin ellos todo sería físico, una victoria del sudor sobre la neurona, también un batalla mental para los creativos de crónicas, libros y música, quienes no podrían figurarse un d10s terrenal (Maradona); la vía láctea en un frasco ibérico (Real Madrid 2002), un equipo con rótulo de gaseosa (el Pep Team), una fruta peleada con la inercia (La Naranja Mecánica), y hasta una canción con personajes de rostros variopintos, pero enfundados bajo una bicolor (¡Perú Campeón!).





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