LA ESENCIA DEL FÚTBOL

[Fútbolygol.net. El fútbol solo es derrota cuando se desvirtúa.]

¿Un gol puede equivaler a un último respiro? ¿Hasta dónde puede llegar la pasión esquizoide? ¿Por qué el morbo no escarmienta, sino engorda a nuestra sociedad? Son dudas monumentales ahora. Aunque interrogantes de siempre. Sin respuesta desde el pitazo inicial. Terminan por ser parte de los olvidos de una colectividad que busca alejarse de su realidad, divirtiéndose. En ciertas oportunidades vía retroceso a los tiempos del Coliseo Romano. El fútbol es un deporte de recreación, un juego. Jugar debería ser alegría y sano reencuentro de emociones. Una actividad que nos remita a la infancia. Un acto puro. Si el deporte más hermoso del mundo pierde su esencia, entonces ¿qué estamos jugando?

'El juego del miedo'

Es curioso que el balompié reviva tanto las pasiones más retorcidas como las virtudes más nobles de los seres humanos. Insólita conjunción. Cuando convergen estas fuerzas contrarias, en el llano verde o en las graderías, se gesta un fenómeno, que trae consigo las afecciones de una sociedad incapaz de tenerlas apartadas de los estadios. Antes de un partido, rumbo a las tribunas se dirigen todos los males de las calles. Portan los virulentos rencores marginados de los excluidos por la élite, así como los miedos 'cultivados' en un país donde muchos exhalan la indiferencia que otros -la mayoría- respira como odio. Tanta acumulación de peste, no diferencia clases sociales. Monumental irónia. Los palcos no son exentos de la furia deforme, proveniente de un fútbol transmutado.

Los 'semilleros del autogol'

Como individuos relativos a un planeta fútbol, a un país futbolero, a una cancha callejera con piedras como arcos, también padecemos a causa de la existencia de los semilleros del antifútbol, las barras bravas.
Será que el sábado, en los descuentos de una euforia descontrolada, el fútbol dio más síntomas de una mal mundial. En una colectividad tan cambiante, donde los valores pasan por debajo de una mesa, y los agradecimientos se hallan enmudecidos por el banal orgullo, el fútbol se halla despojado de su alma circular. De ser un juego tan provisto de dignidad, se convierte en portadas de lamentos ensangrentados. En un gol contra propio arco.

'Jugar es vivir'

El balón parece no ser más un motivo de 'disputas', aquellas que conservan la premisa de que el fútbol es el esquisito arte de vencer con caballerosidad. La batalla que te hace vivir, no morir. El relator argentino Walter Saavedra y la frase final de su poema 'Nunca jamás' definen este concepto: "¿Cómo vas a saber qué es la vida? Si nunca, jamás jugaste al fútbol". Jugar y vivir son las esencias de esta actividad. Cuando los que saben, viven y aman jugar, nace el fútbol. Y nada, ni nadie, muere.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More