La guerra simbólica


A pocas horas del Clásico del Pacífico una historiadora y un recorrido periodista nos dan alcances para poder comprender el orígen de la tradicional rivalidad entre el pueblo peruano y chileno, antagonismo que por estos días se traslada al fútbol.
La rivalidad entre Perú y Chile a través del fútbol

¿Puede el juego convertirse en guerra? Sí, muchas veces y de múltiples maneras. En 1969 el encuentro entre las selecciones nacionales de Honduras y El Salvador desencadenó en un conflicto armado conocido como “La guerra del fútbol”. De la misma manera, los partidos disputados entre las representaciones de Perú y Chile se desarrollan en un ambiente, altamente bélico, repleto de acciones que van desde la agresión verbal hasta la física.

Según la Doctora en historia Carlota Casalino la rivalidad es normal en sociedades plurales y diversas y estos conflictos se originan cuando existen choques de intereses entre individuos o grupos de ellos. El problema, para la historiadora, se origina cuando estos enfrentamientos no son tratados adecuadamente, ya que por lo general desencadenan en acciones violentas.

Para Casalino la importancia de la rivalidad radica en que una sociedad determinada se cohesiona y organiza como grupo cuando se enfrenta a otra que es percibida como distinta a ella. Además, otro punto importante, es que la rivalidad, manejada en el ámbito de lo lúdico, es una forma ritualizada de la guerra que sirve para superar la amenaza de un conflicto real.La especialista considera que las relaciones entre Perú y Chile tienen puntos de acercamiento y de conflicto a lo largo de la historia. El primer roce se dio en la colonia entre el Virreinato del Perú y la Capitanía General de Chile. Los vecinos del sur percibían a Lima como un eje de poder que se beneficiaba de las medidas de la corona española en lo económico, político y social. Mientras tanto ellos se sentían como lo más alejado de la metrópoli, ubicados en la zona más austral del territorio americano, separados por el desierto de Atacama y encerrados por los Andes y el mar. Esta situación reforzó la identidad chilena puesto que obligó a los futuros mapochinos - nativos, criollos y españoles- a organizarse como un solo cuerpo social. El primer punto de cooperación se da en la temprana republica: Chile vio como necesario, para garantizar su independencia, liberar al pueblo peruano de la presencia española y así lo hizo. Décadas después, con el apoyo de los peruanos del norte, el vecino del sur desapareció, a través de una campaña militar, la Confederación Perú – Boliviana, al verla como una amenaza para su hegemonía en la costa del Pacífico. En 1866, ambos países, se unieron en el Combate del 2 de Mayo para rechazar las pretensiones españolas de recuperar sus ex colonias. Finalmente, el momento crucial lo marca La Guerra del Pacífico, 1879, con la consiguiente ocupación militar del territorio peruano. A través de esta acción militar se origina el mito, transmitido oralmente de generación en generación, del abuso de los chilenos en nuestro propio territorio.



Por otro lado, el experimentado periodista deportivo, Miguel Portanova, nos da otro punto de vista del llamado “Clásico del Pacífico”. El destacado hombre de prensa, testigo de mil batallas deportivas, recuerda el decisivo partido para la clasificación a México 86, disputada por nuestra selección y la mapocha en Santiago, como uno de los más violentos. Portanova rememora que las agresiones, verbales y en menor medida físicas, se iniciaron desde que la selección peruana de fútbol apareció en las escalinatas del avión que la llevó a Santiago, los ataques continuaron durante el trayecto al hotel y cada vez que nuestros representantes deportivos salían en público. Para el destacado hombre de prensa los responsables de crear este ambiente de guerra son los medios de comunicación, quienes muy poco hacen por calmar los ánimos, y, por el contrario, a través de sus titulares explosivos exacerban los ánimos de los aficionados, al relacionar el partido con hechos pasados.

Pero no solamente los chilenos tienen la exclusividad de la violencia. Ha quedado grabado en el recuerdo las provocaciones y agresiones de parte de los aficionados peruanos a los jugadores del equipo visitante, el episodio de la bandera nacional chilena mutilada en el palco oficial del Estadio Nacional de Lima y la silbatina general al himno del equipo vecino antes del partido disputado en Lima válido para la clasificación a Francia 98. Estos episodios se convierten en un espiral de violencia y por lo general la respuesta suele ser más dura que la provocación.



De esta manera, la rivalidad se da por la importancia que ocupa el fútbol en nuestras sociedades. Los aficionados valoran demasiado las victorias futbolísticas porque los equipos representan la cultura, los valores y los sentimientos de todo un pueblo. Para los hinchas una victoria en la cancha representa, simbólicamente, la supremacía de su nación sobre la otra.

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