Esta imagen bien podría representar el estado de nuestro fútbol: precariedad total.
Equipos quebrados, jugadores impagos, dirigentes impresentables, multas, pugnas de poder, deserción, huelga, primera fecha amateur y para coronar todo este descalabro, como cereza del pastel, el máximo representante de nuestro fútbol, el men, el capo, el que debería dar la cara, es decir Manuel Burga, opta por lo más fácil: irse del país, escaparse como un roedor. Dejando en claro el tipo de dirigente que es. El pretexto: una reunión en la sede de la FIFA, ubicada en Zurich, para informar el estado del fútbol peruano. Solo dejó una carta y a tres representantes. Simplemente un desastre.
Pero esto no es de ahora, es un problema que se viene arrastrando desde hace muchos años, solo que este 2012 la cuerda no resistió más presión y se rompió.
De este caos futbolistico todos, de alguna manera, somos responsables: los jugadores por su falta de profesionalismo, los dirigentes por su incapacidad para gerenciar las instituciones deportivas, la prensa por pensar solo en vender y no informar con objetividad y los aficionados por no acompañar a sus equipos fecha a fecha, dejándolos desamparados económicamente. Pero si vamos más allá y realizamos un análisis más profundo llegamos a la conclusión de que el problema de nuestro fútbol es un problema social que se remonta desde el primer día de nuestra historia republicana: somos una sociedad informal, que no tiene compromiso, que no se identifica con nada y todos esos defectos se ven reflejados en nuestro patético fútbol y en la debilidad de nuestras instituciones.
Pero, a pesar de este triste panorama, todavía hay esperanzas. Es tiempo de cambiar, por ello es necesario exigir, desde nuestra posición, nuevas cabezas en la FPF para reorganizar todo este desastre. Recordemos que para los chinos crisis también quiere decir oportunidad y tal vez este caos que reina en nuestra pelota sea la oportunidad que andamos buscando para cambiar.
De este caos futbolistico todos, de alguna manera, somos responsables: los jugadores por su falta de profesionalismo, los dirigentes por su incapacidad para gerenciar las instituciones deportivas, la prensa por pensar solo en vender y no informar con objetividad y los aficionados por no acompañar a sus equipos fecha a fecha, dejándolos desamparados económicamente. Pero si vamos más allá y realizamos un análisis más profundo llegamos a la conclusión de que el problema de nuestro fútbol es un problema social que se remonta desde el primer día de nuestra historia republicana: somos una sociedad informal, que no tiene compromiso, que no se identifica con nada y todos esos defectos se ven reflejados en nuestro patético fútbol y en la debilidad de nuestras instituciones.
Pero, a pesar de este triste panorama, todavía hay esperanzas. Es tiempo de cambiar, por ello es necesario exigir, desde nuestra posición, nuevas cabezas en la FPF para reorganizar todo este desastre. Recordemos que para los chinos crisis también quiere decir oportunidad y tal vez este caos que reina en nuestra pelota sea la oportunidad que andamos buscando para cambiar.



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