EL ROMÁNTICO DEL GOL

[Sergio Ibarra se retiraría del fútbol en el Cienciano. El rojo es su color, el gol es su pasión.]

No es un poeta, menos un literato y sin embargo escribió su nombre en la historia del fútbol peruano. Si Sergio Ibarra fuera poeta, sería un romántico empedernido. Vive del gol, por el gol, para el fútbol y pareciera que su idilio no tendría epílogo alguno. Pero el 'Checho' también es el 'Manteca', también lo derriten los años. Lo jubilan sus piernas cansadas y esos cabezazos -tan injustos- contra los off-sides, sus únicas excusas para redactar 246 goles en el torneo profesional. El Viejo plantea abandonar el top ten de los máximos goleadores activos de la Primera División. No es poeta ni literato, pero ya piensa en escribir su 'adiós de las canchas'.

En el campo parece un cazador de historias, un cuentista de lo inesperado, un genio de la improvisación. Sus goles son la clara manifestación de su estilo, es un ícono rústico del fútbol de callejón, él como muchos ches se inició en los potreros argentinos. Es curioso que el 'novelista del fútbol peruano' halla debutado en el club Sportivo y Biblioteca Atenas perteneciente a la Ciudad de Río Cuarto en Córdoba. Todavía más llamativo es que en su club mater no lo recuerden. No hay registros de goles suyos ni en su página web. El 'Checho' no se ajusta a la web 2.0. Su juego pertenece a 'versiones prehistóricas'.

Aunque arcaico y pretérito, Sergio Ibarra es un goleador de diversos formatos. Una rareza que vistió más de 13 camisetas de diferentes clubes del torneo peruano. Fue goleador en la mayoría de equipos que representó. Es con 10 goles el máximo artillero del Cienciano en la temporada actual, pero quiere llegar a más. Para el delantero 'más afortunado' del fútbol incaico, siempre existen las cábalas. Como aquella de meter a toda su familia -mascotas incluidas- en una cama con tal de salvar al rojo imperial del descenso a finales del 2010. Ahora ese rojo que lo consagró campeón en la Recopa Sudamericana ante Boca Juniors en 2004, le exige un alto. Un enganche que escapa a su cintura, quizás ese final para su 'novela del hasta luego'.

El 'Manteca', apelativo que 'compartió' en los noventas con el delantero Sergio Martínez (ex Boca Juniors), se despide de los campos en 2012, y nos saluda el vacío de los domingos sin sus bloopers, sin esos goles que preguntan 'cómo es que entraron al arco'. También esa extraña sensación que deja un jugador que engrandecíó y salvo una institución cuyos dirigentes quizás no le hagan un monumento a las afueras del estadio Inca Garcilazo de la Vega, pero cuya hinchada le será eternamente agradecida, tanto algo jugador como al 'técnico improvisado'. A los 38 años perdió la 'demencia' del jugador juvenil. No así su caracter guerrero y obstinado. Presiente que su intuición de goleador está fallando. Él que gusta de la música de José José, casi nos hizo creer que entre los -casi- '40 y 20' (años) no habría diferencia.

El 'Checho', aquel delantero que no hacía distinción entre sus goles, ya sean con la tíbia, la rodilla, la nuca o hasta de 'chalaca', pondrá los pies afuera de las canchas. Aguardará por la calma del retiro, esperará el final de la próxima temporada, pero no sentado sobre sus estadísticas, no. Su meta para el 2011 era superar los 250 goles. Quizás lo logre. El 'Manteca' -como era conocido en los noventas- se halla paciente frente al 2012 que lo verá autografiar la última página de sus trotes sobre el gramado tal y como siempre lo hizo, como aquel viejo maestro tan 'devoto de la improvisación'. Sergio Ibarra se podrá ir de las canchas, pero jamás abandonará su amor por el gol.

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